Un partenaire cultural. Que le guste hacerse el turista en la ciudad, pero conozca cada calle y me pueda contar algo que no se. Que se cope con ver cine francés y se emocione con el cine argentino. Que no me ponga cara si le digo de visitar museos. Que le guste caminar y sentarse a leer en algún banco de plaza que dé al sol.
Un fijo discontinuo que se banque mis días y horas imposibles. Mis findes por medio, mis chats o llamadas entre las 22 y 23. Mis rayes de estar sola y los pedidos de auxilio a cualquier hora. Que me acompañe a la distancia, pero que con sus palabras lo pueda sentir cerca. Alguien con quien embarcarme en charlas interminables, profundas y ridículas, que no persigan ningún fin más allá que de compartir opiniones, aprender el uno del otro y reírnos de nosotros mismos.
Un todoterreno que se banque el mate lavado, la necesidad de salir de casa al menos una vez al día, mis limitaciones en la cocina y la vergüencita que doy andando en bici. Ah, y que si estoy mal, me diga que todo va a estar bien, mientras me abraza durante 20 minutos.
Busco a alguien que no le tenga miedo al error. Así la embarramos juntos, y aprendemos y nos conocemos y la sacamos adelante juntos. No quiero llevar, ni que me lleven. Quiero un compañero de ruta que vaya al lado mío. Que si alguna vez nos retrasamos, sea solo para tomar envión, o tirarnos del brazo para seguir, pero juntos.
No sé si tiene un nombre lo que busco. ¿Pareja, novio, chongo, PeorEsNada, ElDeTurno, Amigos con o sin derechos? Tampoco creo en las etiquetas. No es un puesto de trabajo, ni hay contrato. Aunque... Sí. Tal vez pido mucho. Soy exigente. Pasa que cuando me doy, no mido. Y pretendo que el otro haga lo mismo.

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